
Solo tendremos 7 bíblicas funciones para poder apreciar Mi querida Neurosis en el auditorio de la Municipalidad de San Isidro. Todos los miércoles a las 8 de la noche a partir del 10 de junio, el día de mi cumpleaños.
Hernán García Valdeavellano

Ese es el objetivo de la institución Doctores Bola Roja, que dirige Wendy Ramos. Desde hace siete años, estos sensibles y coloridos clauns de bata blanca visitan las salas del Instituto de Salud del Niño. Cada martes y sábado, un promedio de 70 pequeños espera con alegría a estos doctores que no les causan dolor, y que en pocos minutos les dan la energía que la enfermedad les niega.
"Ese día te cambia toda la semana", dice la doctora Felini, a quien le encantan los gatos. Su verdadero nombre es Elena Sipán, es publicista y tiene 25 años. Mientras se hace los moños frente al espejo, cuenta que lo que más le gusta es visitar a los niños los sábados, porque ellos la esperan. "Cuando me levanto es chévere, porque me digo "tengo que ir". Es un bonito compromiso".
Pero aunque parezca, este no es un trabajo fácil. "A simple vista el objetivo del claun es hacer reír, pero acá no buscamos eso. Buscamos que el claun muestre realmente su humanidad", explica Wendy Ramos.
La doctora Pato es una de las más jóvenes. Tiene 20 años y es diseñadora gráfica del IPP. Se llama María del Carmen Martínez de Pinillos y cada sábado se convierte en una niña que juega en la casa de sus amigos. En el hospital ha aprendido que no todo es perfecto. "No todo es fiesta, ropa, tener una buena casa y una buena cama. La mayoría de los niños que están ahí es pobre. Ese es su mundo. Ser claun de hospital te hace ver la realidad que existe y que no solamente eres tú".
En el hospital, los doctores Bola Roja van por los pasadizos saludando a todos. Las enfermeras ya los conocen, bromean. Los niños que pasan por ahí los miran con curiosidad. Se dividen en parejas para entrar a cada cuarto. Los han estado esperando. Una de las salas tiene pintado en la pared del fondo a los Caballeros del Zodíaco, y ahí está el doctor Tuga, con sus burbujas y sus lentes de submarino jugando con un pequeño que está llorando.
En otra sala, los doctores Popilia, Manzana y Rojito juegan a adivinar los nombres de las niñas. Ellos les dan lo que necesitan. A veces los niños solo quieren compañía. Otras veces solo quieren que los escuchen.
Sara Castro tiene 23 años, estudia Comunicaciones en la Villarreal y trabaja en producción. Ella había tomado los talleres de claun porque le parecía "alucinante". Luego se dio con la sorpresa de que existía un grupo que visitaba los hospitales y dijo: "Eso quiero hacer". Desde hace dos años es la doctora Berenjena. "Los niños me dan más de lo que yo que puedo dar. Es recontragratificante y me llena de otra forma".
Pocas personas realizan una labor sin pedir nada a cambio. Estos doctores lo hacen. Y lo hacen de corazón.

